sábado, 5 de mayo de 2012

Gildardo Gutièrrez Isaza


En honor a los millones de Judíos que murieron en los campos de concentración Nazi



HOLOCAUSTO
Tiempo de versos, limados con sangre,
tiempo que se agita entre mis manos
cuando el turbión de la muerte se avalancha
sobre mi carne, sobre mi espíritu...
Afuera,
como guardando el equipaje de la muerte,
Con el orgullo de una raza, su poder y su linaje,
Se desmorona la mañana,
la sombras caen como racimos de luceros sangrantes.

Suspirando desde la torre centinela del recuerdo:
Auschwitz-Birkenau, Dachau, Amersfoort, Arbeitsdorf, Banjica, Breendonk
desde la oscura cloaca del terror, bajo la sombra del pasado…
Holocausto, Holocausto, hordas sangrientas, 
Es tarde,
Mi ser se agita,
Se bebe el holocausto en gotas de olvido
Como si pudiera la memoria hacer un alto en el camino,
Como si millones de judíos no hubieran muerto.

El hombre camina con su mirada perdida como evadiendo,
Como luchando por olvidar, 
Haciendo un hueco en su memoria
Es triste.
Mi ser se agita, se convulsiona en los recuerdos:
Laberintos, alambradas, cámaras de gas, trenes llenos de Judíos.
La noche
surge como un eclipse de miedo,
es la hora, 
es el instante en que la bestia surge del centro de la tierra
con sus manos hambrientas, 
con sus fauces de fuego

Tiempo de versos que se desmadejan en silabas sin eco,
en palabras sangrantes, heridas por el silencio;
del campo de concentración, la púa, el alambre,
el terror, la devastación, el exterminio
fusil que medra la alegría, la raza,
que ahondan mi tormento.
Se bebe el holocausto en gotas de olvido
Como si la memoria pudiera e hiciera un alto en el camino,
Como si los seis millones de judíos no hubieran muerto.
Tiempo de versos manchados con sangre.

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